Reseña del Historiador y Museólogo Ignacio Fernández del Amo, quien curó mis obras y expresó su visión de las mismas de la siguiente forma:
“El Tao que puede ser expresado con palabras no es el Tao eterno.
El nombre que puede ser pronunciado no es el nombre eterno”.
Así comienza el libro del Tao, de Lao Tse, pero bien podría servir para subtitular la exposición de Gillian, Guardianes Silenciosos, porque me parece que sus pinturas indagan en la elocuencia del silencio. Algunos habrán notado que no hay cartelitos junto a las obras. Las obras no tienen título quizás porque el nombre que puede ser pronunciado no es el nombre eterno. O quizás use el arte para buscar lo eterno, lo permanente, para ofrecernos a los espectadores una ventana desde la que contemplar lo eterno.
En el tarjetón que acompaña a la muestra nos cuenta que el negro es para ella un símbolo del carbón, que a su vez es símbolo de la destrucción de los bosques. Pero en las pinturas de Gillian el negro convive de manera indisoluble con el blanco. “Ser y no ser se engendran mutuamente. Es la ley de la naturaleza”, se puede leer en otro pasaje del Tao te Chin. Los árboles que pinta Gillian con negro conviven con las superficies blancas de los árboles que no están.
Y cambiando de tema, volviéndome más prosaico, Gillian hace un alegato en defensa de la biodiversidad. Como área de extensión de la Fundación Miguel Lillo nos alegra, porque esa es la razón de ser de nuestros compañeros. Y nos alegra que use un lenguaje distinto (el lenguaje plástico) para poner sobre la mesa un tema tan crucial. Es esencial contar con las razones científicas que la gente del Lillo produce, pero también es posible que la contemplación de las pinturas de Gillian sean más conmovedoras para muchos.
Ignacio Fernández del Amo
Área de artes visuales
Centro Cultural Alberto Rougés – FML
Reseña curatorial publicada en www.aurayarte.com, por Melina Piterbarg.
Acerca del concepto de Aura de Walter Benjamin y la resignificación de los ecosistemas autóctonos en la obra de Gillian Paine.
Gillian Paine trata de asir en un instante un conjunto de impresiones físicas, sensoriales y emotivas que dejaron una huella, se convirtieron en momentos,
en “no lugares”, o sitios transformados por la acción del hombre, y luego por su visión particular, retratando desde un lugar simbólico.
Esta serie de escenarios, se convierten en el centro de un universo individual, en emplazamientos mágicos. Pasajes a otras dimensiones fuera del tiempo colectivo, hacia el tiempo personal, inventado, buscado e idealizado.
Parajes iluminados por un aura que otorga brillo y misticismo, la artista retrata con nostalgia vestigios de un ecosistema que ya resulta extraño. La luz y las sombras aportan a este juego de contrastes, las veladuras formadas por la superposición de tintas prefiguran la desaparición, la ausencia, de lo que aún existe.
Las obras de Gillian Paine nos hacen meditar en una nueva añoranza: La naturaleza que desconocemos, pero que al mismo tiempo, nos resulta familiar a través de las reproducciones.
La definición del concepto de “aura” de Walter Benjamin puede ser el punto de partida para esta serie de estampas que ilustran el halo que sigue proyectando este ecosistema a pesar de su continua desaparición. La naturaleza será el nuevo «original irreproducible» de nuestra era.
“Definiremos esta última como la manifestación irrepetible de una lejanía (por cercana que pueda estar). Descansar en un atardecer de verano y seguir con la mirada una cordillera en el horizonte o una rama que arroja su sombra sobre el que reposa, eso es aspirar el aura de esas montañas, de esa rama”.
Walter Benjamin – La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica-.
Presentación del Proyecto «Guardianes Silenciosos»
Esta propuesta artística, “Guardianes Silenciosos”, surge como un llamado a la reflexión y la acción ante la creciente amenaza de la tala indiscriminada y la lapidación de nuestros recursos naturales. Busco dar voz a los guardianes ancestrales de estos territorios, cuya existencia se ve amenazada por la explotación humana.
Cada obra representa un testimonio visual de la belleza y fragilidad de estos ecosistemas y la majestuosidad de los árboles centenarios de nuestras Yungas.
Se ve la figuración que toma la abstracción dando forma a la calma pero también a la furia de la naturaleza.
En esta paleta de colores es el negro el que predomina, el del carbón, que es el eco de lo que queda del árbol, una huella de su antigua grandeza ahora reducida a cenizas y sombras. Nos confrontamos con la realidad de la destrucción causada por la mano del hombre, pero también con la promesa de renacimiento y renovación que yace en las cenizas.
Exploro la interconexión entre el ser humano y su entorno natural, destacando la importancia de preservar la biodiversidad única de estas tierras.
A través de esta exposición, donde puede verse un vacío al lado de las exhuberantes selvas, espero generar conciencia sobre las graves consecuencias de la actividad humana, e inspirar a la acción para su protección y conservación. Invito al espectador a sumergirse en un viaje visual que estimule la reflexión, el diálogo y el compromiso con la preservación de nuestro patrimonio natural.